Es verdad que somos muchos. Nuestro gorjeo es fuerte y disonante. La gente dice que nos comemos su comida. Ni siquiera por nuestro atavío modesto nos ganamos alguna simpatía. Pero puede creerme, que va a merecer la pena que usted preste un poquito de atención a un pícaro gorrión como a mí.
¿Usted cree que nos soy nada de extraordinario? Oiga, pero si de su especie no hay menos que de la nuestra. ¿Y de veras piensa usted que todo lo que es muy frecuente, es por eso ordinario? ¡Entonces usted mismo también sería muy ordinario! - Oh, perdone, ahora sí que he sido fresco.
En realidad soy un gorrión molinero bastante educado. De ninguna de las maneras quiero que me confundan con mi primo, el fresco y gordo gorrión común. A mi me puede reconocer por el pecho gris y por la mancha negra en las mejillas, de modo que no es difícil hacer distinción. Nosotros nos mantenemos un poco más alejados de sus casas.

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