¡Crruy! ¡Socorro, un gavilán! ¡Crruy! Ay ¿dónde me escondo...? ¡Socorro...! Ah, menos mal, ¡me he librado por tablas! ¡Qué peligro tan grande! Ya se ha ido. Sabe usted, el gavilán es nuestro mayor enemigo. Con sus largas garras nos puede pillar incluso en los arbustos espesos, si no andamos con cuidado. En realidad tenemos un montón de enemigos: cornejas, urracas, gatos, los hombres. Ni siquiera por las noches nos dejan en paz. Los buhos nos atacan incluso en nuestro árbol de dormir. Una vez he tenido que presenciar como en plena noche el horrible cárabo (una especie de mochuelo) irrumpió en nuestro nido, se llevó a mi marido y sin piedad le devoró entero. ¡Fue terrible!
Pero a pesar de eso, sé que mi Creador cuida de mí. La Biblia dice que ¡ningún pajarillo está olvidado delante de Dios! Entonces usted ¡cuánto mejor estará! Puesto que para Él usted tiene mucho más valor que yo. Incluso los cabellos de su cabeza están todos contados por Él. ¡Sí, parece ser que Dios ama de manera muy especial a los hombres! ¿Sabe?, mi Creador me ha dado un corazón excepcionalmente fuerte. Es uno de los más eficaces que hay. Ahora, mientras estoy hablando con usted, late más de 7 veces por segundo, es decir 460 veces por minuto. Antes, cuando huía del gavilán, ¡mi pulso se aceleró hasta llegar a 760 latidos por minuto! Eso tiene que ser así, para que pueda volar.

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